| Atentos a la caña verde |
Tras la jornada de remo el lunes por la mañana con Adrián sin sentir una picada (ni a fondo ni al bass), el martes amanece un espléndido día y aprovechamos la bonita tarde para pasarla a orillas del Tajo con la familia y los vecinos, Arcadio y Victoria. Vamos en nuestro coche a la carretera vieja de Garrovillas. Algo de viento norte que refresca un poco la -de nuevo- calurosa tarde. Arcadio pone sus dos cañas, de diferente tamaño y veteranas aunque poco usadas al parecer. Para mi gusto los cañeros están excesivamente levantados y quedan las cañas muy de pie. Cebo de maíz y gusana en las suyas mientras yo alterno el maíz y pellet de 22 . Pero la tarde avanza y no tenemos ni signo de picada. Al menos estamos relajados y agusto sentados con los pies en el agua mientras contemplamos en el recodo de más arriba dos pescadores que tampoco cogen nada, y poco más al norte una pareja que infla un bote neumático. Rato después llega una semirígida a la orilla y me entretengo ayudando un poco a sacarla. Me comentan que el siluro está esquivo todavía y aún habrá que esperar alguna semana más (ésto confirma lo que me ha llegado por varias fuentes).
Y como siempre, cuando más distraídos estamos, la caña larga y más nueva de Arcadio marca una picada espectacular que la dobla de su posición casi perpendicular hasta prácticamente el agua. Una, dos y varias veces mientras nos apercibimos y nos acercamos. Pero no nos da tiempo. El cañero cede y la caña sale disparada rozando apenas la superficie del agua a una velocidad próxima a los bólidos de F-1. Dudo un -fatal-momento si lanzar la caña de bass que tengo con un rapala articulado pero creo que pesa poco y no voy a poder alcanzarla. Así que me quito la camiseta y el pantalón y me zambullo en el agua nadando en su dirección. Enseguida empieza a picar hacia el fondo asomando el mango lo justo para localizarla desde mi nivel a ras de agua. Por espacio de unos 30 metros la sigo y gano terreno viendo como cada vez baja más y sube menos. Justo cuando llego a su altura y extiendo la mano para asirla se hunde nuevamente pero... no vuelve a emerger. Me quedo flotando calculando si el aire me llevará más que a ella y preguntando a Arcadio que mira desde la orilla si la ve por algún lado. Tras un rato de búsqueda me rindo y vuelvo a la orilla.
No sabemos qué pez ha sido capaz de arrastrarla de tal modo, imagino que quizá un siluro porque en la zona Victor cogió el de 22 kilos el otoño pasado.
En la foto se aprecia el mango aún emergiendo antes que lo alcance.

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